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Tango Secreto

Autor/a: Jorge Feldman Rosa

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Nadie puede afirmar que el doctor Eulogio Luna tenga doble personalidad, pero el hecho es que de lunes a viernes dirige con rigor su c谩tedra de neurolog铆a en la facultad de medicina y los s谩bados por la noche se viste con un traje cruzado impecable, se calza unos escarpines de delicada cabritilla reluciente, se aplica unos toques de Eau Savage de Christian Dior y a las diez en punto entra en la milonga El Firulete, la m谩s antigua y prestigiosa de la ciudad donde, desde sus tiempos de estudiante, se lo conoce como El Chino Luna. Mientras estuvo casado ocup贸 una mesa pegada a la pista y bailaba solamente con su mujer, pero desde que enviud贸 se instala en un taburete de la barra poblada de hombres solos que otean el sal贸n en busca de compa帽eras para salir a bailar . El Chino volvi贸 a pisar la pista con una mujer en los brazos unos dos a帽os despu茅s de enviudar y esto sucedi贸 a instancias de una dama bastante mayor que 茅l, quien tambi茅n hab铆a enviudado y perdido a su compa帽ero de baile. 鈥擡s una pena que con lo que nos gusta el tango pasemos la noche rumiando nuestra soledad y mirando bailar a los dem谩s. Adem谩s, usted tiene un estilo sereno y elegante que, estoy segura, no me causar谩 fatiga. S谩queme a bailar. Ning煤n caballero que se precie puede negarse a semejante convite y salieron a bailar como si hubiesen sido pareja toda la vida. Finalizada la seguidilla de temas, el Chino acompa帽贸 a la anciana dama hasta su mesa, compartida con sus hijas y yernos, todos amantes del tango y habituales de la milonga. 鈥擟hicas, no pierdan la oportunidad de bailar con El Chino y van a saber lo que es bueno. Y ustedes, pataduras, miren y aprendan 鈥攁greg贸 para escarnio de los varones. Una de las mujeres se par贸 de inmediato y, desde esa noche, El Chino Luna no par贸 de bailar. Todas las mujeres de El Firulete coinciden en que bailar un tango con El Chino es ser transportada a una dimensi贸n emocional que no saben explicar y buscan encontrar su mirada para ofrecerse a bailar. Los hombres no se oponen porque en El Firulete todos se conocen y el bailar铆n estrella es un cincuent贸n petiso, muy feo y con unas manazas desproporcionadas que gu铆an las figuras, giros y cadencias sutiles y sencillas del tango de sal贸n. No hay un verdadero abrazo en la danza con El Chino; las mujeres le apoyan su antebrazo izquierdo en el hombro y dejan que su mano derecha se pierda en la enorme garra de su compa帽ero, mientras 茅l apoya suavemente su derecha en la espalda sin pasarse de la columna vertebral para marcar la distancia y evitar el abrazo total, la uni贸n de los torsos y el contacto de las mejillas, como si esas intimidades le pertenecieran s贸lo a la mujer que am贸. Los que buscaban develar los secretos del bailar铆n s贸lo llegaron a advertir que esa mano gigante es la clave: apenas se desliza por la espalda de su dama, marca con la yema de los dedos y el pulpejo y, pocas veces, se apoya en la cintura para guiar alguna figura sugerida por la m煤sica. Lejos de provocar celos, el estilo de El Chino suscita admiraci贸n por la forma delicada y precisa en que conduce a sus parejas de baile. Cuando sale a la pista con alguna compa帽era a la altura de su sensibilidad y habilidades, todos se hacen a un lado para verlos en acci贸n. Durante esos tres minutos del tango s贸lo hay celebraci贸n. Los bailarines caminan, giran y se hamacan sin un solo gesto de lubricidad, sin ninguna exageraci贸n corporal 鈥渇or export鈥. La sensualidad est谩 en la m煤sica que entra por los o铆dos y fluye por todo el cuerpo hasta los pies; las bailarinas se lucen y los espectadores quedan fascinados por el goce que emana del baile por el baile mismo. En El Firulete se cuenta que algunas mujeres que bailaron con El Chino deseaban que el tango terminase para salir corriendo a echarse en los brazos de sus hombres rog谩ndoles que les hagan el amor. Cuando le llegan estos comentarios El Chino sonr铆e, se帽ala que es una fantas铆a y agrega que el 煤nico secreto del tango est谩 en conocer la m煤sica y dejarse llevar por ella. Pero cuando en tono de broma dice que lamenta ser feo y que algunas muchachas guapas no piensen en echarse en sus brazos en vez de salir corriendo, hay algo en el brillo de sus ojos que delata que oculta algo. * * * * * Nadia Kovacheva, la famosa bailarina del Bolshoi, a su paso por la ciudad pidi贸 que la lleven a un lugar donde se baile tango: a una milonga. El tango que le ense帽aron sus 鈥渞egisseurs鈥 y profesores de ballet le resultaba demasiado alambicado. Por otra parte, las versiones tangueras creadas para deslumbrar turistas extranjeros le parec铆an exageradas y falsas. Para complacerla decidieron llevarla a El Firulete donde, cuando tomaron la reserva de su mesa, no perdieron la oportunidad de anunciar por los altavoces que la famosa etoile rusa ir铆a esa noche para ver c贸mo se baila el tango de verdad. Sentada a la mesa y maravillada por ese curioso ambiente en el que se mezclan personas de edad y j贸venes guiados por su pasi贸n o curiosidad por el tango, Nadia oy贸 hablar de El Chino Luna, al que pidi贸 ser presentada. 鈥擬e gustar铆a tomar clases de tango con usted. El Chino le explic贸 que 茅l no era profesor; que era un m茅dico que iba a bailar todos los s谩bados a esa milonga por diversi贸n. Si ella conoc铆a alg煤n tango pod铆a pedir que busquen la grabaci贸n e invitarla a bailar ah铆 mismo. 鈥擧ay un disco de Jos茅 Col谩ngelo interpretando tangos instrumentales de Juli谩n Plaza; lo conozco bien porque he ensayado algunas coreograf铆as con 茅l. 鈥擭o est谩 mal; es uno de mis favoritos. * * * * * La condujo a la pista tomada de la mano y al llegar al centro la bella Nadia se colg贸 naturalmente de su cuello en un apretado abrazo. 鈥擭o es necesario, salvo alguna intenci贸n pasional de su parte鈥 se帽al贸 茅l en un susurro. 鈥擸 si la tiene, le recuerdo que, por lo menos, la doblo en edad 鈥攁greg贸 con una sonrisa que en su rostro se vio como una mueca. 鈥斅縌u茅 debo hacer? 鈥擮铆r la m煤sica y dejarse llevar. Aqu铆 manda el hombre. 鈥擬铆reme a los ojos. Gu铆eme tambi茅n con la mirada. 鈥擯ara m铆 ser谩 un placer; pero usted tendr谩 que soportarlo. Vea, si tiene en mente alguna coreograf铆a, alg煤n automatismo, b贸rrelos porque no funcionan. Cada tango es diferente. Ponga toda su atenci贸n en la m煤sica y en la forma en que mi antebrazo en su flanco y mi mano en la espalda le marcan el camino. 鈥擰ue Dios me ayude鈥 pidi贸 ella. 鈥擳odo mi prestigio profesional se juega en esta noche; nos han dejado solos en la pista. Y comenzaron a bailar. Uno tras otro los tangos potentes, arm贸nicos, 煤nicos, fueron fluyendo. A medida que Nadia se sent铆a m谩s segura de s铆 misma y crec铆a su entusiasmo, la mano de El Chino apenas se mov铆a por su espalda y sus dedos y pulpejo presionaban y aflojaban aqu铆 y all谩 ordenando girar, caminar, cortar, quebrar el talle, hacer un ocho, detenerse. Por la mitad del quinto tema Nadia se colg贸 de su cuello, se apret贸 imp煤dicamente a su cuerpo envolvi茅ndolo con una de sus largas y hermosas piernas y le susurr贸 al o铆do con su marcado acento eslavo: 鈥擲e帽or Chino, 驴qu茅 me est谩 haciendo? 鈥擬ostr谩ndole c贸mo bailamos en esta milonga. 鈥擭o puedo contener un orgasmo, musit贸 en agon铆a. 鈥擡ra de esperar 鈥攄ijo 茅l por todo comentario mientras con su dedo medio oprim铆a un punto preciso de la espalda de Nadia Kovacheva, quien alcanz贸 el cl铆max y se desarm贸 en sus brazos en el momento justo en que la orquesta hac铆a sonar los acordes finales. El p煤blico estall贸 en un aplauso. La hermosa prima ballerina se sent铆a flotar y El Chino se mostr贸 una vez m谩s como el bailar铆n sobrio y elegante que todos los hombres de El Firulete quer铆an ser. Nadia, algo turbada, le agradeci贸 la experiencia y se despidi贸 prometiendo volver antes de marcharse del pa铆s. Al acercarse para el beso amistoso de despedida le pregunt贸 al o铆do: 鈥斅縎hiatsu? El Chino dej贸 asomar una mueca maliciosa que pretend铆a negar que hab铆a sido descubierto; bes贸 su mano y, mir谩ndola a los ojos le contest贸: 鈥擳ango. S贸lo tango. * * * * * Hace seis meses que El Chino Luna no aparece por El Firulete y en la universidad pidi贸 licencia por tiempo indeterminado. Anda cosechando aplausos por el mundo junto a Nadia Kovacheva con un espect谩culo en el que s贸lo ellos dos bailan en un escenario a media luz con los tangos del disco de su primer encuentro. Los cr铆ticos y el p煤blico no se explican c贸mo esa pareja despareja, remedo de la bella y la bestia, puede transmitir a la platea tanta pasi贸n y erotismo, pero coinciden en recomendar vivamente asistir al espect谩culo 鈥淭ango secreto鈥. En sus horas libres, el doctor Eulogio Luna avanza en la escritura de un ap茅ndice para su tratado de neurolog铆a que tiene como t铆tulo provisorio: 鈥淒igitopuntura, tango y estimulaci贸n neuronal鈥.

Fuente: http://www.vientosdetango.com.ar/historias-y-cuentos/


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