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Entrar a la milonga

Autor/a: Andrea Uchitel

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Entrás a una milonga, uno de esos recintos donde la gente se junta a escuchar y bailar tango. Hoy en día sobreviven las tradicionales en las que hombres y mujeres bien empilchados se sientan separados en filas enfrentadas listos para el cabeceo, y se multiplican los espacios más informales e inclusivos, en que algunos de estos usos se desvanecen, los roles en el abrazo no están asociados al género y se puede bailar hasta en zapatillas. Te encontrás un rinconcito desde el cual, copa en mano, te ponés a mirar, ¡y a escuchar! La gente que ves es gente común, no es muy distinta a vos. Notás que dos se paran en cuanto inicia un tango. La música pareció sacarlos de la silla, pero no está claro si ya se conocen. Van hacia la pista donde hay pa- rejas que acaban de terminar de bailar el tango anterior y conversando, esperan para retomar el baile sobre el tema que acaba de iniciar. Encon- trando un lugar entre dos parejas que circulaban sobre el margen, esas dos personas dejan de hablar, se acercan y se abrazan. En ese primer contacto y en esa quietud en la que se envolvieron, podés ver el silencio que los compromete en la escucha. Los ves empezar a moverse juntos, adentro del abrazo, ellos con la música. Ese primer movimiento chiquito te sacó una sonrisa, te produjo una emoción, ¡allá van! Se desplazan en la ronda, la música parece insinuarles cuándo avanzar con energía y cuándo detenerse. Sentís ganas de bailar. Los seguís con la mirada. Caminan y se detienen. No parece tan difícil. Después de algunos compases, notás que empiezan a hacer algunos otros movimientos y recorridos más complejos con extrema fluidez. Algunos de esos patrones se repiten durante el tango y, con otra modalidad y a otro tiempo, en las otras parejas también. Te surgen preguntas mientras no dejás de disfrutar sintiéndote par- te de ese movimiento colectivo, ¿cómo hacen? Si ellos pueden, yo también puedo ¿Cómo hacen, sin hablarse, estos dos hasta-ese-mo- mento-desconocidos para coordinar esos movimientos que permiten tal fluir? ¿Qué tipo de acuerdo tácito, más bien físico, existe allí, entre ellos? ¿Qué sistema organiza su juego? ¿Existirá alguna lógica o es todo de memoria? Esto segundo parece improbable dado que las condicio- nes del entorno cambian sorpresivamente, ¡hasta acaba de pasar la moza por su costado, levantando una bandeja con un balde de champán y cuatro copas! ¡Que siga la milonga!

Fuente: Fragmento del libro: "Bailar tango. Mecánicas del Abrazo"


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