Un condimento especial

Autor/a: Gabriela Ferreyra

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Corrimos los muebles, preparamos el mate, él se puso un sombrero a lo Gardel y yo me reí un poco de esa sobreactuación "qué hacés con eso?"... pero entendí que le faltaba lo mismo que a mí: el ritual. Hacerse la película trayendo a la memoria alguna pista con buen piso pero sobretodo, vestirse de milonga, sentirse un poquito "enmilongado". Puse un pañuelo de tonos rojos sobre el velador y él se encargó de la música. Sus listas siempre fueron mejores que las mías, lo tengo que reconocer. Nunca se lo voy a decir, por orgullo creo. Cosas estúpidas de competencia por boludeses, como cuando nos corregimos la técnica y yo pienso que él se equivoca y él piensa que soy yo, que me hago la sabelotodo y lo critico. (Pareja de milongueres trae casi siempre estos problemas. Me acuerdo que una vez, en tiempos donde el abrazo era tesoro y no sabíamos, un milonguero viejo me dijo que no funcionaba una pareja con alguien que no fuera milonguero. Me quedé pensando en eso porque en ese momento mi compañero no bailaba tango pero le puedo asegurar señor, que pareja de milongueres tiene sus complicaciones eh.. A cuál más soberbio!!) En fin, él puso unos buenos tangos. Salimos a la pistaliving y al principio nos fascinó tener tanto espacio para nosotres solxs. Qué placer! Pasos bien largos, las patas para todos los rincones... Pero al tercer tango nos faltaba la sensación de tener una pareja atrás y otra adelante, que te marquen un poco la cancha y sentir el calor de lxs bailarines vecinos. Esas pistas pequeñas bien piolas, que son verdaderos caos de abrazos pero que, por la virtud milonguera, funcionan. Terminó una tanda imaginaria de tangos tranquis, como para empezar a calentar los pies. Yo me fuí para el lado del mate y me vinieron ganas de Fernet y de la sonrisa amiga de alguno que recién llega y como no hay lugar te pide permiso para ponerse los zapatos en tu silla. "Sí obvio, metele" dejé el mate en la mesa y seguimos con unos valsesitos picantes. Estuvieron divertidos, los disfruté. Comentamos lo durxs que estábamos sin entrar en detalles ni culpabilizaciones, ya saben... Muchos días sin bailar. Y es que no daban ganas, la verdad. Como dijo una compañera "sin milonga, para mí el tango es un recuerdo con dolor". No sé si era tan así para nosotres pero algo similar. Hasta mirar videos de tango nos daba entre bronca y tristeza! Muy extraño cómo funciona el encierro en las sensibilidades. Deben haber pasado tres tandas nomás y decidimos parar. La energía que traíamos puesta era rara, le faltaba algo a esa mini práctica. Y yo pensé que en una de esas le faltaba la mera idea de sentir que era posible salir de ahí, ponerse una buena pilcha e ir al encuentro de lxs abrazos conocidos- desconocidos. El maravilloso ritual de la juntada milonguera! Hay un condimento particularísimo en nuestras milongas que las hace irremplazables: el encuentro! pero no un encuentro cualquiera. El tango es social, sin duda alguna, es un lugar de encuentro con lxs otrxs. Pero, cómo les explico... Sin ese toque que hace que el tuco de la abuela sea el tuco de la abuela, las pastas tienen otro sabor. Les falta ese "que se yo, viste". Idealización? un poco. Yo prefiero decirle "mística". Algo de eso siento con mi tango en este confinamiento. Me encanta bailar en el living, practicar y disfrutar un rato, pero sin la mística del encuentro en la milonga, sin un horizonte de milonga pura y dura dónde abrazarse con lxs compañerxs, pierde un poco la magia. Y entonces me hace falta eso de levantarme al otro día feliz de haberme bailado todo la noche anterior, satisfecha y liviana. Como dijo Kartun "a falta de beso a veces se agradece una porno, pero digamos la verdad: boca es boca y pantalla es pantalla. No te quedás haciendo cucharita con la Cicciolina." La milonga es la milonga. No hay videíto de Instagram o baile en el living que la reemplace. La milonga es espacio de encuentro y ritual colectivo. Son los vidrios empañados y la transpiración compartida. Sin barbijos ni un carajo, cachete con cachete y corazón con corazón. Así bien cochina. Volveremos a la milonga, con seguridad. Pero yo me pregunto si volverá a ser la de siempre. Ojalá que sí.

Fuente: Cortesía de Gabriela Ferreyra


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